No estás sola.
Y no estás fallando. Estás saturada.
Y eso no se resuelve haciendo más cosas. Se resuelve volviendo a ti.
“No sé por dónde empezar.”
Esa frase parece inofensiva, pero muchas veces es una alerta interna.
Tu cuerpo, tu mente, tus emociones... todas diciendo:
“No me estás escuchando.”
Y claro, estás haciendo lo que puedes. Pero cuando el sistema se sobrecarga, el orden no empieza con una lista.
Empieza con una pausa.
Tómate estos minutos como si fueran una cita contigo misma.
No necesitas tener todo resuelto. Solo estar presente.